Cuando el verano se va aproximando, nuestra Sierra sufre una espectacular transformación, que cada vez es más apreciada por quienes nos visitan. El humilde Cambroño o Codeso (Adenocarpus hispánicus), estalla en floración vistiendo las laderas de un intenso color amarillo. De repente, una alfombra brillante y esplendorosa tiñe la falda de la Peñota convirtiéndola en una suerte de postal.

El botánico francés Lamarck, llamó al Cambroño “PIORNO ESPAÑOL” (Cytisus hispánicus), nombre que hoy nos parece poco apropiado, pues en nuestra península habitan varios codesos endémicos. La Guía de los árboles y arbustos de la Península Ibérica y Baleares, nos lo describe como “arbusto siempre verde, que puede alcanzar la altura de un hombre, o algo más, muy ramoso, con tallos viejos blanquecinos y con flores amarillas o anaranjadas en forma de mariposa”.

Para una sociedad eminentemente rural, el cambroño era empleado en usos, tanto medicinales, como prácticos: Para encender el fuego o calentar el horno, y en medicina, sus flores en infusión se usaban como vomitivo o como vermífugo (contra las lombrices intestinales).

A pesar de que esta planta es tóxica, su capacidad para «barrer» (en alguna ocasión hasta de forma literal, porque son usados por algunos como una escoba) los malos espíritus la convierte en una de las plantas básicas de la Noche de San Juan.

Para aquellos que quieran contemplar el espectáculo del cambroño en flor, este es el mejor momento. El Guadarrama ofrece al visitante una de sus mejores caras.

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